Mateo 11:1-19 nos enseña que: “Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, [y] se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos.” Consciente de que nadie es profeta en su propia tierra, Él mismo tomó la misión de hacer la obra misionera en casa de Sus discípulos. Primero dio instrucciones a Sus apóstoles y los envió de dos en dos para que fueran a evangelizar al mundo conforme a la Gran Comisión establecida en Mateo 28:18-20. Luego se fue a enseñar y a predicar en sus ciudades.
Mateo 11:2-6 hace un giro para volvernos a traer a la memoria a Juan el Bautista. A esta altura de la historia, Juan el Bautista estaba preso por orden de Herodes Antipas. Y oyó que Jesús estaba enseñando, predicando libremente; y las noticias llegaron hasta él, en aquella cárcel romana. Las noticias de las obras de Jesús corrían rápido al igual que Sus enseñanzas, por lo que Juan mandó a preguntar al Señor: “«¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?»”. Aunque Juan lo había señalado como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, aprovechó el Salmo 118:26 que dice: “Bendito el que viene en el nombre de Jehová” para hacer la pregunta. Juan no solo esperaba reafirmar su corazón pero también el de sus discípulos que habían que le seguían. Así que Juan preguntó: “¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?”. “El que había de venir era un título mesiánico reservado para Cristo y sobre ese fundamento quizo reafirmar su fe. Así que Jesús les afirmó y no les negó que ciertamente, Él estaba provocando que los ciegos vieran, los sordos oyeran, los cojos caminaran, y que los leprosos estuvieran siendo limpios. Sí, Jesús estaba dando cumplimiento a lo dicho por el profetas Isaías cuando vio los tiempos de Jesús cuando dijo: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel”. Y: “Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo” (Isaías 61:1; 35:5-6). Finalizo con las palabras del mismo profeta refiriéndose a Jesús, cuando dijo: “a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.”
Preguntas de Reflexión:
1- ¿Has dudado alguna vez de las verdades que han estado presentes en tu corazón sobre Jesucristo cuando la adversidad te golpea?
2- ¿Cómo consideras la firmeza del Amado Jesucristo de no negar lo que estaba haciendo a favor de la humanidad en aquel entonces?
3- ¿De que manera afirma tu corazón la acción completamente favorable de Jesús hacia la persona y ministerio de Juan el Bautista?
4- ¿Por qué crees que Juan fue confortado por todo lo acontecido?

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