024- Jesús apareció para deshacer las obras del diablo

La Nueva Biblia de las Américas traza una línea de continuidad entre la decisión tomada por Jesucristo de embarcarse junto con Sus discípulos para cruzar el lago y este gran momento de desembarque, como lo podemos ver narrado  en los versículos 1, 18 y 28. Es imposible imaginar que a alguno se le hubiera ocurrido que Jesús, que estaba tan rodeado de multitudes, tomara la decisión de cruzar un lago solo para ir a buscar (en el caso de la narración de Mateo) un par de endemoniados a los que libertaría del poder de los demonios, para convertirlos en Sus misioneros para aquellas regiones paganas de Decápolis como nos lo ilustra Marcos 5:19-20 en el caso de uno de ellos, cuando leemos que Jesús le dijo: “Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban.”

Mateo 8 dice en los versos 28 y 29: “Al llegar Jesús al otro lado, a la tierra de los gadarenos, fueron a Su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, violentos en extremo, de manera que nadie podía pasar por aquel camino.Y gritaron: «¿Qué hay entre Tú y nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes del tiempo? Observemos dos elementos en esta narración: Primero, casi todos entendemos cuando decimos: “Los perros son territoriales”. Pues aquí podemos ver algo similar cuando leemos: “fueron a Su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, violentos en extremo, de manera que nadie podía pasar por aquel camino.” Observemos que estos demonios, como perros salvajes, buscaban atacar a quienes caminaban por sus territorios. 

Otro elemento que debemos observar es que aquellos demonios gritaron: «¿Qué hay entre Tú y nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes del tiempo?». Los demonios son ángeles caídos y condenados al tormento eterno. Ellos saben que un día serán juzgados eternamente por Dios. Al ver a Jesús a través de aquellos poseídos, usaron sus facultades de habla para decir lo que dijeron. Lo que no sabían era el propósito de Cristo; él había llegado allí para libertar a aquellos miserables esclavos de las mismas garras del diablo. Lo que no sabían era que nunca más los poseerían porque allí estaba el Hijo de Dios para libertar a sus cautivos.

Mateo nos narra, en los versículos del 30 al 34, el proceso de aquella liberación. La voz autoritaria de Cristo fue contundente. Él dijo: «¡Vayan!», y aquellos hombres fueron inmediatamente liberados de la opresión de sus muchos enemigos. El texto nos dice que en ese caso, los demonios salieron y poseyeron a unos cerdos, que finalmente se precipitaron por un despeñadero al mar y perecieron en las aguas. Lo irónico al final de esta narración de liberación es que la ciudad no celebró aquella gran liberación, sino que se movilizó como un solo hombre para rogarle que se fuera de su región. No hubo asombro, no hubo acción de gracias por los favores hechos a sus conciudadanos, solo el ruego de que se fueran de sus contornos. El capítulo 9:1 registra que Jesús regresó a Su ciudad. La gran obra de liberación había sido realizada.   

Preguntas de Reflexión:

1- Al examinarte a ti mismo, ¿qué piensas tú sobre la existencia de los demonios? ¿Cómo es posible que, siendo creados a la imagen de Dios, haya personas que terminen siendo esclavos de los demonios? 

2- ¿Qué piensas del milagro salvador de Jesucristo sobre estas personas a las que el diablo había cautivado?

3- ¿Crees que Jesucristo continúa liberando personas del poder de los demonios en nuestra generación?

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