029- Evidencias del reino de Jesucristo

Mateo 9:27-34

Mateo nos narra en esta porción bíblica la manifestación simultánea tanto de Jesucristo como del reino de Dios. Podemos dividir esta narración fácilmente en dos partes. En la primera narración se nos presenta la angustia desesperante de estos dos ciegos que, al saber que Jesús pasaba por allí, no aceptaron perder la oportunidad de exponer ante el Gran Rey su petición de recobrar la vista. Así que comenzaron a gritar, y fueron en pos de Él sin dejar de gritar mientras Él avanzaba por Su camino: «¡Hijo de David, ten misericordia de nosotros!». 

Estos ciegos pedían con insistencia misericordia; Jesús avanzaba hacia Su destino. El versículo 28 dice: “Después de entrar en la casa, se acercaron a Él los ciegos, y Jesús les dijo: «¿Creen que puedo hacer esto?»”. «Sí, Señor», le respondieron. Entonces, los versículos del 28 al 30 dicen: “les tocó los ojos, diciendo: «Hágase en ustedes según su fe». 30 Y se les abrieron los ojos”.

Es obvio que estos ciegos oyeron sobre la persona y la obra de Cristo y creyeron y accionaron su fe hasta que recibieron el favor inmerecido de la gracia salvadora y sanadora sobre sus vidas. Su perseverancia y libertad con las que se movieron deberían ser una motivación para nosotros que también hemos creído en Su poderoso Nombre.

Luego, a partir del verso 32, Mateo nos dice: “Al salir ellos, le trajeron un mudo endemoniado”. Después de que el demonio había sido expulsado, el mudo habló; y las multitudes se maravillaban y decían: «Jamás se ha visto cosa igual en Israel». Pero los fariseos decían: «Él echa fuera los demonios por el príncipe de los demonios.”

Este nuevo milagro siguió después del milagro de los ciegos. ¿Qué motivación han de haber recibido las personas que presentaron este nuevo caso ante el Señor? Estaban justo allí, y miraban a los que habían sido ciegos y que no paraban de testificar el milagro que les había ocurrido por la gracia de Jesucristo. Observemos que en este nuevo caso los demonios habían logrado paralizar la voz de ese pobre hombre. Pero Jesucristo lo sanó y aquel que había sido mudo vivió para glorificar al Señor y Dios. Lo increíble del mundo religioso de aquel entonces fue que, en lugar de glorificar a Dios por ese portentoso milagro, prefirieron atribuirlo al poder de Satanás.     

Preguntas de Reflexión:

1- Al examinarte a ti mismo, ¿has perdido alguna vez la oportunidad de haber sido favorecido por el Señor por no clamar delante de Él?

2- Al aprender de los ciegos, ¿has oído hablar de Jesucristo? ¿Has creído en Él lo suficiente como para poner en práctica tu fe y recibir un milagro en tu vida? 

3- ¿Cuán perseverante eres en tu vida de oración?

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