Mateo 10:1-42
Recientemente publiqué un breve comentario sobre Mateo 9:35-38, lo titulé: Oremos a favor de la misión. Estos maravillosos textos nos presentan al Amado Jesucristo en Su labor itinerante de proclamación del evangelio del reino y de compasión hacia los enfermos. Ahora, abordaremos el capítulo completo de Mateo 10 porque allí podemos ver, que en el cumplimiento de Su plan misional de salvación, Jesucristo se multiplicó estratégicamente, llamando a Sus primeros discípulos, a quienes dio “autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia” (Ver Mateo 10:1-4).
Luego de llamar a quienes serían Sus apóstoles, el Señor los instruyó sobre la estrategia que tendrían que emplear para cumplir con su labor misionera. Les mostró que la prioridad sería alcanzar “a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” Luego vendría el tiempo como lo podemos leer en Mateo 28:18-20, en el que tendrían que ir hasta lo último de la tierra. Entre otras instrucciones que Jesús dio a Sus discípulos, encontramos los versículos del 7 al 15, donde les define que Su tarea primaria sería la de predicar el advenimiento del reino de los cielos, sanarían enfermos, resucitarían muertos, echarían fuera demonios, entre otras cosas.
Jesús instruyó a Sus discípulos de que esta labor tendría sus propios riesgos, así que les dijo en el verso 16: “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.” La labor apostólica implicaría arrestos, azotes, cárceles, acusaciones y condenaciones injustas, traiciones, persecuciones, pero contarían con el respaldo pleno de la segunda persona de Trinidad, el Espíritu Santo. En Su fuerza tendrían que ser fuertes, ya que podrían contar con Su auxilio para la defensa de la predicación a la que eran enviados a realizar. El Señor añadió en este punto, que esa tendría que ser su realidad ministerial hasta la misma venida del Hijo del Hombre. Así que el Señor, los llamó a no temer; los llamó a cumplir sus ministerios; los llamó a confiar en Su gracia y en Su providencia cualquiera que fuera sus circunstancias. Y les dijo en los versos 38-39: “y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Ver todo el texto de Mateo 10: 16-39).
Jesús finalizó este particular encuentro con sus discípulos diciéndoles en Mateo 10:40-42: “El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá.Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.”
El Dios Trino ha integrado a Su Iglesia en la misión que Él ha estado ejecutando desde la creación del hombre. Ahora es nuestro privilegio serle fieles hasta el gran encuentro eterno. El que sirve a uno de estos servidores del reino será recompensado por el Trino Dios. Nadie quedará sin su graciosa recompensa. Mientras tanto, ocupémoslos de Su misión integral.
Preguntas de Reflexión:
1- ¿De qué manera estás involucrado en la Gran Comisión de Mateo 28:18-20?
2- La compasión movió al Señor a actuar a favor de las ovejas; Él multiplicó su liderazgo. ¿Estás tú participando en ese liderazgo mundial de la misión?
3- ¿En qué medida estás participando del llamamiento, la capacitación y el envío conforme a Mateo 28:18-20?

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