025- Jesús perdona pecados y sana enfermedades

Mateo 9:1-8 comienza diciendo: “Subiendo Jesús en una barca, pasó al otro lado del mar y llegó a Su ciudad.” El capítulo 8 se cerró cuando la gente de la ciudad vino a pedirle a Jesús que dejara la ciudad, así que este versículo 1 conecta ambos capítulos y nos introduce en la narración del nuevo capítulo 9.

Esta nueva narración nos dice: “Y le trajeron un paralítico echado en una camilla; y Jesús, viendo la fe de ellos, dijo al paralítico: «Anímate, hijo, tus pecados te son perdonados».” Este versículo nos muestra tres acciones diferentes: la primera fue la de ese grupo de personas que, movidas por la fe en Jesucristo, trajeron a aquel paralítico en una camilla para presentarlo ante Jesús, para que Él le tuviera misericordia. La segunda acción fue el reconocimiento que Jesús tuvo de la fe de aquel grupo de personas. Ellos habían expuesto su fe en Él de la más obvia manera; habían cargado con el paralítico hasta ponerlo a Sus pies. Y la tercera acción fue realizada por Jesucristo al decirle a aquel paralítico: «Anímate, hijo, tus pecados te son perdonados». Obviamente, aquel grupo de personas había traído al paralítico para que fuera sanado, pero Jesús priorizó la salvación. Y por esa razón le expresó que sus pecados habían sido perdonados. 

El versículo 3 nos descubre que algunos de aquellos escribas catalogaron la acción de Jesús como una blasfemia contra Dios. Ellos lo pensaron en sus corazones, pero allí estaba el que mira las intenciones del corazón. Por ello, leemos en los versículos 4 y 5 que: “Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones?» Porque, ¿qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y anda?” La pregunta estaba planteada, ¿qué hubieras respondido en tú lugar? ¿Qué será más fácil, sanar o perdonar pecados? Jesús les respondió la pregunta, diciéndoles en el verso 6: “Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados», entonces dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.” Jesús no solo había perdonado los pecados del paralítico, pero también les había mostrado que había conocido sus corazones y sus malas intenciones, ahora haciendo lo más fácil para Él, sanó al paralítico. 

La narración finaliza diciendo: “Y levantándose, el paralítico  se fue a su casa. Pero cuando las multitudes vieron esto, sintieron temor y glorificaron a Dios, que había dado tal poder a los hombres.” El exparalítico regresó a vivir una nueva vida, mientras los que habían visto y oído aquellas maravillas glorificaban a Dios.

Preguntas de Reflexión:

1- Al examinarte a ti mismo, ¿qué piensas que debería ser la prioridad de nuestra misión como Iglesia y de nuestra evangelización? 

2- ¿Qué piensas del hecho de que Jesús conoce tus pensamientos aun cuando solo están en tu corazón? ¿Cómo debería afectar esto tu vida diaria?

3- ¿Tienes alguna historia sobre tu método de evangelización en la que viste al Señor perdonarle a alguien los pecados?

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