023- ¡Fe en horas de tormenta!

Mateo 8:23-27

En Mateo 8:1 (NBLA) leímos: “Viendo Jesús una multitud a Su alrededor, dio orden de pasar al otro lado del mar.” Luego hablamos sobre el discipulado radical como un paréntesis. Ahora llegamos a los versos 23-27, que nos narran uno de esos momentos enseñables en los que Jesús aleccionó a Sus discípulos a confiar plenamente en Él.

La lectura dice: “Cuando entró Jesús en la barca, Sus discípulos lo siguieron. Y de pronto se desató una gran tormenta en el mar de Galilea, de modo que las olas cubrían la barca; pero Jesús estaba dormido. Llegándose a Él, lo despertaron, diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!».

Y Él les contestó: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Entonces Jesús se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Los hombres se maravillaron y decían: «¿Quién es Este, que aun los vientos y el mar lo obedecen?»

En el verso 21 habíamos leído que Jesús tenía en Sus planes cruzar el mar de Galilea, por eso había dado órdenes de cruzar hasta el otro lado. Así que aquí lo vemos subiendo a la barca y a Sus discípulos siguiéndole. Todo este viaje estaba en el plan perfecto del Señor. Él quería mostrarles Su poder en relación con Su creación y enseñarles a confiar en Él. El texto añade: “De pronto se desató una gran tormenta en el mar de Galilea, de modo que las olas cubrían la barca”. Sí, el Señor los había llevado con Él para que fueran expuestos a este tiempo enseñable. Claro, nunca esperamos que los momentos enseñables vengan en medio de circunstancias tan peligrosas. Y en esta narración es exactamente lo que acontece. 

Mateo continúa diciendo que mientras la tormenta arreciaba, “Jesús estaba dormido”. Aquellos hombres, muchos de ellos experimentados en las tormentas de mar abierto, de repente entendieron que requerirían la intervención divina. Así que: “Llegándose a Él, lo despertaron, diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!»” Es justo en ese momento cuando vemos la gran lección que el Señor dio a Sus discípulos. Observen dos cosas diferentes. Los discípulos no actuaron en la fe en aquel que dormía en el barco. No, ellos tuvieron que despertarlo para que Él fuera quien actuara físicamente a favor de su rescate. 

Mateo dice: “Y Él les contestó: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Aprendamos: aquí está claro que los discípulos habían caído en el terror que nace del miedo. El miedo es falta de confianza; aunque con ellos estaba el creador del universo, se llenaron de terror ante la realidad de la muerte. Dicho eso, Mateo añade: “Entonces Jesús se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.” 

Si tan solo hubieran confiado, aquellos podrían haber visto el mismo milagro, pero no creyeron por la parálisis que les provocó el miedo. Amigos, el miedo es paralizante. La fe da vida. El texto finaliza diciendo: “Los hombres se maravillaron y decían: «¿Quién es Este, que aun los vientos y el mar lo obedecen?»” Pareciera que no solo les había faltado la fe, sino que también les faltaba seguir creciendo y conociendo al Señor. 

Preguntas de Reflexión:

1- Al examinarte a ti mismo, ¿cuánta confianza descubres que hay en tu corazón aun en medio de las más peligrosas tormentas de la vida?

2- ¿Alguna vez has fracasado de tal manera que casi podrías haber oído aquellas palabras que también te amonestaban: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe? 

3- ¿Cómo fortalecerás tu fe para que no te falle cuando vengan las tormentas?

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