Mateo 8
Mateo 8:18 (NBLA) dice: “Viendo Jesús una multitud a Su alrededor, dio orden de pasar al otro lado del mar.” En el verso 23 veremos la continuidad de esa historia, pero mientras tanto, como en un gran paréntesis, mientras Jesús iba en camino a abordar la embarcación, leemos dos casos dignos de considerar:
1- El caso de escriba
En Mateo 8:19-20 leemos el primer caso: “Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas».Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza».
Los escribas del tiempo de Jesús eran verdaderos profesionales. Eran expertos intelectuales responsables de estudiar los manuscritos de la ley de Moisés; los estudiaban, los copiaban, los preservaban. Ellos aplicaban el espíritu de la Ley conforme a sus conciencias y a sus interpretaciones. Uno de estos rabíes fue el que mostró un interés pleno en ir en pos de Jesucristo. Él expresó a Jesús su deseo de seguirlo; lo que no esperaba oír fue la gran demanda que exige seguir a Jesucristo.
Para este escriba tiene que haber sido desalentador oír: «Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza». Estos niveles o estándares sociales no iban con él. Realmente el costo del discipulado lo tenía que ponderar con más detenimiento. Quizás nunca más lo volvió a intentar. O quizás estuvo dispuesto a morir por sus propios intereses con el fin de servir al Señor y a Su reino. Quizás nunca lo sabremos. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Cuánto estarías dispuesto a sacrificar para servir al Señor?
2- El caso de uno de los discípulos
Por su parte en Mateo 8:21-22 nos presenta el segundo caso, diciendo: “Otro de los discípulos le dijo: «Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre». Pero Jesús le contestó: «Ven tras Mí, y deja que los muertos entierren a sus muertos».
Observemos que, en el primer caso, leímos algo acerca de un escriba; aquí, es acerca de un discípulo de Cristo. Este discípulo pedía una licencia para ir a enterrar a su padre. Su ruego fue claro y concreto: “Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Sinembargo observe que este discípulo usa el adverbio: “primero”. El adverbio modifica al verbo. Obviamente Dios lo estaba llamando para seguirle en el servicio del discipulado, pero este discípulo le dijo sí, pero “primero”. Ese “sí pero primero” es el punto que tenemos que ver en este texto.
Vea el contexto: él quería ir a enterrar a su padre. Eso es loable. Pero el llamado de Jesús era tan fundamental que le dijo: “Ven tras Mí y deja que los muertos entierren a sus muertos”. Hay llamados que son determinantes. Llamados que requieren una respuesta contundente. No un sí pero… Jesús lo estaba llamando al ministerio, a ser parte de Su equipo de líderes que irían al mundo a cumplir la Gran Comisión cuando Él estuviera en la cruz, a morir por los creyentes. Por esa razón, Él le dijo a aquel discípulo: «Ven tras Mí y deja que los muertos entierren a sus muertos».
Preguntas de Reflexión:
1- Al examinarte a ti mismo, ¿cuánto estarías dispuesto a sacrificar para servir al Señor?
2- ¿Qué otra prioridad tienes en tu vida que te impida responder con un sí total al Señor Jesucristo ante Su santo llamamiento al discipulado radical?
3- ¿Cómo aplicarás estos textos a tu vida?

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