021- Las obras de Jesús trajeron gloria a Dios

Mateo 8

Mateo 7:28-29 (NBLA)

28 Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de Su enseñanza; 29 porque les enseñaba como uno que tiene autoridad, y no como sus escribas.

Introducción

Mateo 7:28-29 finaliza la serie que hemos llamado El Sermón de la Montaña; allí leemos: “Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de Su enseñanza; porque les enseñaba como uno que tiene autoridad, y no como sus escribas.” Este versículo sirve de transición a una nueva narrativa en la que continuaremos con el conocimiento de la persona y de la obra de Jesucristo. 

A pesar del desarrollo de la ciencia, nuestro mundo sigue sufriendo por causa de las enfermedades y de las influencias demoníacas. En Mateo 8: 1-17 se nos presenta la manera en que Jesús enfrentó esas realidades, dándoles soluciones en muchos casos. Veamos cuatro ilustraciones:  

1- Jesús sanó la lepra, limpiando a un leproso de ella

Comencemos leyendo Mateo 8:1-4: “Cuando Jesús bajó del monte, grandes multitudes lo seguían. Y se acercó un leproso y se postró ante Él, diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: «Quiero; sé limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. Entonces Jesús le dijo*: «Mira, no se lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio a ellos».

La lepra era una enfermedad crónica muy conocida en la antigüedad. 2 Reyes 5 nos habla de Naamán, un general del ejército de Siria que era leproso. Una de sus sirvientas habló con su esposa y le contó que en Israel había un profeta que podía sanarlo. Una vez informado, el rey de Siria lo envió a la tierra de los israelíes para que fuera sanado por el profeta. La historia finaliza con el hecho de que Naamán fue sanado, pero el siervo del profeta, llamado Giezi, fue condenado a ser leproso por su maldad. Un segundo caso digno de mención, es el del rey Uzías de quien 2 Reyes 15:5 dice: “Mas Jehová hirió al rey con lepra, y estuvo leproso hasta el día de su muerte, y habitó en casa separada, y Jotam hijo del rey tenía el cargo del palacio, gobernando al pueblo.” Vemos en estas historias que hubo un trato divino distinto para una misma enfermedad. Un sirio fue sanado y dos israelitas murieron de lepra por sus maldades. 

En el encuentro entre Jesús y el leproso en este texto de Mateo, se nos dice que el leproso le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: «Quiero; sé limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra.” Aquel leproso tomó la iniciativa de acercarse a Jesús y Jesús no se lo impidió, a pesar de ser un inmundo. El leproso se abandonó plenamente en la misericordia de Jesús, y Éste le fue benevolente, y mientras lo tocaba, le dijo: “Quiero; sé limpio”. Al instante fue limpiado de la lepra. Y para cumplir la Ley, Jesús le dijo: «Mira, no se lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio a ellos».  

2- Jesús sanó a un paralítico

En Mateo 8:5-13, leemos que cuando Jesús entró en Capernaúm, “se acercó un centurión y le suplicó: «Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, sufriendo mucho». Y Jesús le dijo: «Yo iré y lo sanaré».” Tanto en el caso del leproso como en este, vemos la disposición del Hijo de Dios para mostrar Su misericordia al ser humano que vive en necesidad. En ambos casos los hombres vinieron a Él buscando el favor divino. 

Este caso en particular se nos agiganta por la acción de aquel centurión romano que, con profunda humildad y fe, dijo a Jesús: «Señor, no soy digno de que Tú entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi criado quedará sano». El centurión mostró su fe total en la persona y en la palabra que representaba Su autoridad; luego añadió: “Porque yo también soy hombre bajo autoridad, con soldados a mis órdenes; y digo a este: “Ve”, y va; y al otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace».

Con toda razón, Mateo testifica que: “Al oírlo, Jesús se maravilló y dijo a los que lo seguían: «En verdad les digo que en Israel no he hallado en nadie una fe tan grande».” En el caso de la lepra, un sirio fue favorecido por la misericordia del Señor y, en este caso, un centurión romano recibió la alabanza divina. Por ello, en el verso 11, Jesús dijo: “Y les digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.Pero los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes.”

Mateo 8:13 finaliza diciendo: “Entonces Jesús dijo al centurión: «Vete; así como has creído, te sea hecho». Y el criado fue sanado en esa misma hora.”

3- Jesús sanó la fiebre de una mujer

Mateo 8:14-15 nos habla de la suegra de Pedro. “Jesús llegó a casa de Pedro; vio a la suegra de este que estaba en cama con fiebre.” En Su jornada itinerante, Jesús encontró una necesidad y la enfrentó resolviéndola. El texto añade que, con gran disposición, “Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y ella se levantó y le servía.”

4- Jesús liberó esclavos del demonios y sanó a mucha gente

Mateo 8:16-17 dice: “Y al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; y expulsó a los espíritus con Su palabra, y sanó a todos los que estaban enfermos,para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaías cuando dijo: «Él tomó nuestras flaquezas y llevó nuestras enfermedades».”

Como dijimos en el título, las obras de Jesús trajeron gloria a Dios. Él sanó a los enfermos y, con el poder de Su Palabra, echó fuera a los demonios de las personas que habían sido esclavas del diablo. Eso era lo que estaba escrito que haría; eso hizo. 

Preguntas de Reflexión:

1- Al examinarte a ti mismo, ¿crees estas cosas?

2- ¿Crees que Jesús también tiene poder para sanar la lepra  espiritual del pecado?

3- ¿Cómo aplicarás estos maravillosos textos que nos hablan de la misericordiosa disposición de Jesucristo para ayudar a las personas?

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