013- ¿Cómo obedecer a Cristo desechando el juzgar a los demás? 

Mateo 5-7: Serie de enseñanzas dentro del Sermón de la montaña 

En Mateo 7:1, el Amado Jesucristo nos da uno de los más grandes mandamientos para mortificar saludablemente nuestra carne, con el propósito de evitar ser juzgados con justo juicio. El texto dice: “No juzguen para que no sean juzgados.” Cristo nos llama a rechazar la tendencia pecaminosa de juzgar a los demás.

Con este mandamiento, el Señor nos da una gran herramienta para la mortificación de la carne. El juzgar a los demás es un pecado que puede ser evitado cuando obedeciendo a Cristo, mortificamos nuestra tendencia pecaminosa, cerrando nuestra boca, no solamente de manera pública pero aún en nuestro corazón. El Señor dice que si le obedecemos no seremos juzgados. Aquí no hablamos de ser juzgados por los hombres porque eso no lo podremos evitar, sino de ser juzgados por el mismo Jesucristo.   

En el versículo 2, razonando Su mandamiento, el Señor nos dice: “Porque con el juicio con que ustedes juzguen, serán juzgados; y con la medida con que midan, se les medirá. Así pues, renunciar a juzgar a los demás como estilo de vida es verdaderamente un ejercicio de vida piadosa que, a la vez , mortifica uno de los pecados más comunes de los hombres. Si juzgamos a los demás, Dios nos juzgará por nuestros juicios; nos medirá según la manera en que juzgamos a los demás de manera pecaminosa. Creo que este mandamiento nos responde: ¿Cómo mortificar saludablemente nuestra carne?

En Mateo 7:3-4 Jesús también dijo: “¿Por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la mota del ojo” cuando la viga está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano.”

El llamado a no juzgar también busca ayudarnos a no caer en la hipocresía de los hombres. El Señor nos ilustra que una manera de juzgar a los demás se pone en evidencia cuando buscamos encontrar errores en nuestro prójimo. Buscar pequeñeces en los demás y no tener conciencia de nuestros grandes defectos o vicios personales puede llevarnos a caer en la hipocresía. Por ello, el Señor nos invita a autoexaminarnos antes de buscar faltas en los demás. Muchas veces no nos percatamos de que nuestra hipocresía es tan obvia ante los demás y que, antes de que nosotros reconozcamos nuestros pecados, ya hemos caído en evidencia. Por ello, el Señor nos señala con fuerza: “¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano.”

Preguntas de Reflexión:

1- Al examinarte a ti mismo, ¿cuán tendencioso eres a juzgar a los demás?

2- ¿Cuán tendencioso eres a buscar errores en los demás?

3- ¿Qué piensas de estos párrafos en los que el Señor nos ha estado hablando?

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