Mateo 6:19-34
Hemos visto aplicaciones de la Ley en la vida de la Iglesia como la oración, el ayuno, etc. Ahora Mateo va a marcar enseñanzas prácticas para una vida saludable. Lo primero que el Señor establece es que los creyentes tienen que hacer: tesoros en los cielos. Las ofrendas, las oraciones y los ayunos mencionados en los versículos del 2 al 18 son ejemplos de los verdaderos tesoros que los creyentes deben acumular. El verso 21 dice: “porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.” Si nuestros tesoros son todas esas disciplinas cristianas que deberíamos presentar a Dios, entonces, donde están nuestros tesoros, allí estará nuestro corazón. Nuestro corazón debe estar en el Señor.
Nuestra segunda enseñanza es sobre la lámpara del cuerpo. Jesucristo establece que la lámpara del cuerpo es el ojo. Y la idea es que, para que nuestra lámpara de luz funcione, debemos tener luz. Jesús es Vida y Luz, por lo que somos llamados a ver a Jesús, a meditar en Él, a pedirle que alumbre los ojos de nuestro entendimiento. Él dijo que Él es la luz y que todo aquel que a Él viene no andará en tinieblas. Por tanto, nuestro corazón tiene que estar lleno de luz. Si nuestro corazón es malo, nuestro ojo será malo. Si nuestro corazón es bueno y está lleno de luz, entonces nuestro ojo será bueno y estará lleno de luz. Nuestro mundo estará lleno de luz o de oscuridad, sí, la Iglesia tiene luz para ese mundo (Mateo 6:22-23). No en vano el Señor dice que somos la sal y la luz del mundo.
La tercera enseñanza que el Señor propone tiene que ver con las riquezas. El Señor inaugura esta temática diciendo: “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o apreciará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas.” Es claro que tenemos que recordar que hay que dar a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios. Necesitamos priorizar a quién realmente servimos, a Dios o a las riquezas.
Finalmente, este capítulo termina con una maravillosa amonestación del Señor para no vivir preocupados ni ansiosos. Porque tanto la preocupación como la ansiedad demuestran falta de confianza en el cuidado paternal que Dios tiene de Su pueblo. Tenemos que reconocer que Jesucristo es nuestro Rey proveedor, que nada falta a los que confían en Él. Es verdad que el mundo que no le conocen siempre vive ansioso por lo que comerán, o por lo que beberán, o por lo que vestirán; pero en el caso de la Iglesia, Él le dice en el verso 32: “el Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas”.” Por ello Él añade en los versículos 33 al 34 diciendo: “Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Por tanto, no se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas.”

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