Serie sobre las enseñanzas dentro del Sermón de la Montaña
Mateo 6:1-18
Después de mostrar la importancia de la Ley moral en todos los aspectos de la vida, el Señor señaló que el problema del mundo religioso era su hipocresía. Así que en el capítulo 6:1 les dijo a Sus discípulos: “Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ello; de otra manera no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos.”
El mundo religioso estaba practicando varios aspectos externos sin valorar que Dios ve el corazón. Ellos estaban buscando agradar a los hombres para recibir aprobación de ellos. La justicia no se encuentra por ese camino sino por el camino de la fe en Cristo. El Señor habló de tres prácticas propias del pueblo de Dios, ejercitadas en la fe y en el amor a nuestro Dios.
Jesús mencionó las ofrendas, la oración y el ayuno como prácticas que deben tener el propósito de crecer en nuestro carácter cristiano. Un carácter que glorifique a Dios en todo. Tener un corazón generoso y obediente en el campo de nuestra mayordomía cristiana es algo que glorifica a Dios. Pablo en 2 Corintios 9:7 nos aconseja diciendo: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” Así que, en el Sermón de la Montaña, nos llama en los versos 2 al 4 a no dar: “para ser alabados por los hombres”. Pero a dar de tal manera que Dios nos vea. Para que Él sea quien recompense nuestro dar. La audiencia de nuestra generosidad solo tiene que ser Dios. A Él tiene que apuntar nuestro dar. Es para la gloria de Su Nombre.
Esta regla también se aplica a la oración. Nuestra vida de oración tiene que tener como única audiencia nuestro Dios. El mundo religioso buscaba con su vida de oración el ser alabado por los hombres. Dios aconseja a Sus discípulos buscar Su rostro en secreto. En los versos 7 y 8, el Señor llamó a Sus discípulos a evitar palabrerías y repeticiones sin sentido en las oraciones. El que ora a Dios sabe que Dios oye, sabe que Dios nos conoce. Por eso Dios abrió una ventana maravillosa para revelarnos cómo deberíamos de orar ante nuestro Padre Celestial.
Las primeras tres peticiones que el Señor nos enseñó tienen que ver con Dios y las otras tres, con nuestro prójimo. El Señor nos tomó de la mano y nos dijo: “Ustedes, pues, oren de esta manera:
1- Padre nuestro que estás en los cielos ,
Santificado sea Tu nombre.
2- Venga Tu reino.
3- Hágase Tu voluntad ,
Así en la tierra como en el cielo.
Esta es la oración que el Amado Jesús nos modeló para que partiendo de una profunda comunión en adoración con nuestro Padre Celestial, pasemos a pedirle por dos cosas que son fundamentales, que venga Su reino y que se haga Su voluntad. Luego pasó a las otras tres que hemos mencionado:
1- Danos hoy el pan nuestro de cada díA.
2- Perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros hemos perdonado
a nuestros deudores.
3- Y no nos dejes caer en tentación,
Sino líbranos del mal. Porque Tuyo
es el reino y el poder y la gloria para siempre. Amén.
Finalmente, en relación con el ayuno, ayunemos para Dios. Ayunemos en secreto. Nuestra audiencia tiene que seguir siendo el Señor. Ayúdanos a ayunar para Tu sola gloria, tiene que ser nuestra oración. Solo así podremos ver el cumplimiento del texto 18 que dice en su segunda parte: “Y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mateo 6:18).

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