Mateo 5:1-16
A partir del capítulo 5 hasta el 7, encontraremos una serie de enseñanzas dentro del Sermón de la Montaña. Las iremos numerando una a una y compartiremos sus preciosas enseñanzas para nuestra edificación. El contexto está claramente propuesto en los versos 1 y 2 donde leemos: “Cuando Jesús vio a las multitudes, subió al monte; y después de sentarse, Sus discípulos se acercaron a Él. Y abriendo Su boca, les enseñaba, diciendo”. En Mateo 4:25 leímos que: “lo siguieron grandes multitudes”, y ahora observamos que Jesucristo buscó enseñarles. Los mismos discípulos vinieron también cerca de Él, porque entendieron que oirían Palabras de vida eterna. Así que: “abriendo Su boca les enseñaba”.
La primera sección que encontramos en este sermón está en los versos 3 al 16. Esta sección es llamada: “LAS BIENAVENTURANZAS” porque se deriva del hecho de que nueve veces se repite la palabra “Bienaventurados”. Partiendo de esta palabra, Jesús definió quién es una persona considerada bienaventurada. A continuación, veamos esa lista de nueve características de una persona bienaventurada:
1- Bienaventurados los pobres de espíritu.
2- Bienaventurados los que lloran.
3- Bienaventurados los humildes.
4- Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia.
5- Bienaventurados los misericordiosos.
6- Bienaventurados los de limpio corazón.
7- Bienaventurados los que procuran la paz.
8- Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia.
9- Bienaventurados serán cuando los insulten, y persigan, y digan todo género de males contra ustedes falsamente, por causa de Mí.
En relación con los pobres en espíritu, el Señor dijo que de ellos es el reino de los cielos; ellos son los que pueden arrepentirse y creer. Ellos son los que, regenerados por el Espíritu Santo, pueden convertirse de todo corazón al llamamiento eficaz de Cristo.
En relación a los que lloran, el Señor dijo que ellos serán consolados. Su seguridad de salvación no se fundamenta en el cumplimiento de una salvación por obras, sino en la gracia derramada sobre ellos a pesar de sus pecados.
En relación con los humildes, el Señor asegura que heredarán la tierra. Los hijos de pacto entenderán la gracia derramada en la cruz del Calvario a su favor.
En relación con los que tienen hambre y sed de justicia, el Señor dijo que ellos serían saciados. Y es que el que tiene hambre y sed de justicia, sabe que ésta solo puede venir externamente, y no por medio del trabajo personal en hacer obras dignas de justicia a los ojos de Dios. Ellos saben que solo por la gracia de Dios han sido justificados y salvados.
En relación con los misericordiosos, el Señor dijo que recibirían misericordia. Los creyentes, siendo regenerados y convertidos por la pura gracia divina, son cambiados para relacionarse con misericordia con el mundo exterior, poniendo por obra el amor a su prójimo y de esa manera dejando las puertas abiertas de la retribución de la misericordia para sus propias vidas.
En relación con los de limpio corazón, el Señor dice que verán a Dios. Y es que la santidad es requerida en la casa del Señor porque Dios es santo. Y los limpios de corazón al haber sido justificados no solo han sido adoptados en Cristo, pero han sido santificados en Él, y han recibido el Espíritu Santo para ser guiados en el camino de la santificación personal continua que también es requerida de los santificados. Hombres santos que mortifican la carne y los pensamientos por el poder del Espíritu Santo, para gloria de Su salvador. Ellos tienen fácil acceso a Dios en el diario vivir.
En relación con los que procuran la paz, el Señor dice que: “ellos serán llamados hijos de Dios”. Los pacificadores van por el mundo proclamando y anunciando el evangelio de la paz, confiando en que en toda labor hay fruto. Confiando en que su labor en el Señor no es en vano. El evangelio, la evangelización y la misión mundial van de la mano y esa labor no es en vano. Da gloria a Dios. Es una tarea natural de los hijos de Dios.
En relación con los que ya han sido perseguidos por causa de la justicia, el Señor dice que de ellos es el reino de los cielos. Jesús mismo dijo que en el mundo encontraríamos tribulaciones. Por causa de la proclamación del reino de los cielos, a través de la historia, la Iglesia ha sufrido muchas persecuciones. Podemos decir, en palabra del Señor, que el reino de los cielos les pertenece. Ese ha sido un galardón merecido, no en sentido de salvación sino como recompensa por la labor consumada.
Finalmente, en relación con estos sufrimientos, el Señor afirmó tres cosas:
1- Al hablar con los creyentes el Señor puso en claro que toda clase de sufrimientos como los insultos, como las persecuciones, como las maledicencias que los creyentes sufren por causa de Cristo, les será considerada como bienaventuranza. Por tanto, los llamó y los llama a regocijarse y a alegrarse porque serán recompensados grandemente en el cielo.
2- Como parte de Su consolación, les dice que de esa misma manera persiguieron a los profetas que han sido antes que ellos. Y los honra como honró a los profetas.
3- Los animó a no cesar de hacer esa labor evangelizadora y misional. Los animó a seguir siendo sal y luz del mundo. Así que los animó a mantener ese ánimo evangelizador y misional cualquiera sean las condiciones y aflicciones de la vida. Jesús finaliza esta sección diciendo: “Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). En todas estas cosas, ya sea de hecho o de palabras, la gloria de Dios deberá ser nuestra máxima aspiración espiritual.

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