Mateo 1
Mateo inicia presentando la genealogía de Jesucristo, partiendo desde David y Abraham porque ambos se les hicieron promesas, conforme a un pacto divino, de que en sus simientes serían benditas todas las naciones de la tierra. Jesucristo es el cumplimiento de esas promesas, hechas a estos patriarcas. David fue rey de Israel, y Abraham ha venido a ser el padre de la fe. Así es que Mateo busca, desde el principio de su evangelio, que nosotros entendamos que Jesucristo es el hijo de la promesa y el Rey eterno prometido, en quien son benditas todas las naciones de la tierra, y quien juzgará a las naciones con autoridad y con poder.
En el versículo 3, Mateo menciona a Tamar, quien fue esposa de los dos hijos de Judá (hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham), estos dos hijos de Judá murieron porque Dios los mató por malos. Y gracias a la perseverancia y a la fe de Tamar, finalmente quedó embarazada por su mismo suegro, a quien engañó haciéndose pasar por prostituta, dando a luz gemelos, es decir, a Fares y a Zara. De Fares vino la línea genealógica hasta Booz, de quien la viuda moabita Rut vino a ser mujer, y quien dio a luz a Obed. Obed fue padre de Isaí, y Mateo 1:6 dice que: “Isaí fue padre del rey David”. Es interesante notar que el rey David fue padre del rey Salomón, cuya madre Betsabé había sido primeramente esposa de Urías a quien David mandó a matar.
En la narrativa de la genealogía de Jesucristo, Mateo nos habla del tiempo de la cautividad en la que el pueblo de Judá y Benjamín, ambos fueron llevados a Babilonia. El verso 12 nos habla que después de la deportación la línea genealógica de Jesucristo no fue interrumpida antes bien Jeconías, llamado también Joaquín, engendró a Salatiel. Y al acercarnos al nacimiento de Jesús, Mateo llega al verso 16 donde nos dice que: “Jacob fue padre de José, el marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo”.
Mateo pues nos narra la genealogía del Amado Jesucristo, dividiéndola en tres bloques para nuestra memorización: Una desde Abraham hasta David, otra desde David hasta la deportación, y finalmente otra desde la deportación hasta Cristo. Cada una de esas divisiones tiene un total de 14 generaciones para un total de 42 generaciones. En la narración de estas 42 generaciones, en los versículos 3, 5, 6 y 16, se nos presentan cinco nombres que sirven para trazar la línea genealógica de Jesucristo y que resaltan a cinco mujeres: Tamar, Rahab, Rut, Betsabé y culmina con: “María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo”, es decir el Mesías (Ver Mateo 1:16).
Dos cosas más, interesantes que me gustaría hacer notar son: la primera es que Mateo da por entendido que Sara nos es conocida por lo que no se menciona en el verso 2 o por razones que a la sabiduría divina le plació que así fuera, sin embargo, sí se mencionan a Tamar, a Rahab, a Rut y a Betsabé de manera particular, y obviamente a María de manera especial. Cada una de estas mujeres es un caso digno de estudiar para animar la fe de nuestras generaciones de mujeres que han tenido que lidiar con multitud de obstáculos en la vida y en el servicio al Señor. La segunda tiene que ver con la palabra griega ἄνδρα, que en el versículo 16 se refiere a José como el marido de María.

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