Juan el Bautista bautizaba en el río Jordán para el perdón de sus pecados a través del arrepentimiento. Al llamar al pueblo a bautizarse, les recordaba que eran pecadores que tenían que arrepentirse y les recordaba, como lo habían profetizado Ezequiel 36:25 e Isaías 1:16, que Dios los limpiaría de sus inmundicias. Ellos eran responsables de lavarse y limpiarse, quitando la maldad de sus obras delante de Él. Esto deberá ser realizado a través del bautismo en agua como un ejercicio de fe y obediencia. En sentido ilustrativo tendrían que salir al desierto, arrepentirse y volver a entrar a la tierra prometida. De allí que el mensaje de Juan el Bautista fuera firme y claro: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2).
Juan preparó el camino del Señor, él llamó a Israel a hacer sendas derechas delante del Señor. De esa manera, ellos venían a él, confesando sus pecados, y Juan los bautizaba para arrepentimiento en las aguas del Jordán. Al ser profeta, sabía por el Espíritu del Señor cuando el mundo religioso venía a él, sin verdadero arrepentimiento. Así que tanto a fariseos como a saduceos les decía: “¡Camarada de víboras! ¿Quién les enseñó a huir de la ira que está al venir?” (Mateo 3:7) Y luego los llamaba a dar frutos dignos de arrepentimiento. Tanto los fariseos como los saduceos eran del linaje de Abraham, y cumplían la Ley externa, por tanto, se consideraban hijos salvos por obras. Para este mundo religioso tanto el templo como sus sacrificios eran suficientes si eran administrados por un sacerdote. Pero Juan los estaba llamando a salir al río Jordán. Era humillante que les acusaran de sucios ante los ojos de Dios. Los saduceos, responsables de mantener el orden social, veían en Juan a un peligro al que había que combatir.
Juan tuvo un mensaje claro y fuerte contra aquel mundo religioso, les dijo en Mateo 3:10: “El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.” Su llamado al arrepentimiento moral solo tendría un beneficio: sus pecados serían perdonados. Pero si no se arrepentían, entonces sufrirían las consecuencias de la ira de Dios. Así que definió su labor ministerial diciéndoles: “Yo, en verdad, los bautizo a ustedes con agua para arrepentimiento, pero Aquél que viene detrás de mí es más poderoso que yo […] Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego.” (Mateo 3:11). Los puritanos creían que venir a buscar la apariencia de piedad detrás de la máscara de la religión sin tener un verdadero arrepentimiento es simplemente idolatría. Dios quemará toda obra de idolatría, como se quema a la paja, “en un fuego que no se apaga” (Mateo 3:12).
El bautismo de Jesús
A continuación veremos el gran contraste entre el bautismo de Juan y el mundo religioso y el bautismo de Jesús. Mateo finaliza este capítulo, señalando que Jesús llegó desde Galilea hasta el Jordán para ser bautizado por él. Mientras como hemos visto, al mundo religioso los conminó a arrepentirse, a Jesús le dijo: “Yo necesito ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí? Entonces Jesús le respondió: “Permítelo ahora, porque es conveniente que así cumplamos toda justicia”. Entonces Juan lo bautizó. El bautismo de Juan era una justa demostración de que la justicia de Dios tiene que ser satisfecha para el perdón de los pecados. Jesús, por tanto, aunque no hizo pecado conforme a 1 Pedro 2:22 (RVR1960), Pablo afirma en 2 Corintios 5:21: “por nosotros Dios lo hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios”. La versión LBLA señalando a Jesús dice: “uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado.” Juan el Bautista había preparado el camino muy claramente para la manifestación del Hijo de Dios. Anunciando que en Él, el reino de Dios se había acercado.
Mateo finaliza esta narración señalando que: “Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y los cielos se abrieron en ese momento y Él vio al Espíritu Santo que descendía como una paloma y venía sobre Él. Y se oyó una voz de los cielos que decía: “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido” (Mateo 3:16-17). Esta espectacular visión Trinitaria contemplada por el profeta Juan tuvo que haberlo disfrutado e interpretado como una fuerte palmada de aprobación diciéndole: ¡Misión cumplida, profeta!
Preguntas de Reflexión:
1- ¿Por qué cree que Juan el Bautista, aun cuando su ministerio consistía en llamar al arrepentimiento, cuando miraba al mundo religioso les decía: “¡Camarada de víboras! ¿Quién les enseñó a huir de la ira que está al venir?” (Mateo 3:7)?
2- ¿Por qué cambió su tono y su aptitud cuando Jesús vino para ser bautizado por él?
3- ¿Considera que en su vida es importante responder a la invitación del arrepentimiento?

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