A- Mateo 4:18-22
Jesucristo llamó a Sus primeros discípulos desde el comienzo de Su ministerio. Qué importante es entender algunos aspectos que podrían reproducirse en el reclutamiento de nuevos discípulos en nuestra generación. En Mateo 4:12 vimos cómo el Señor Jesucristo escogió la región norteña de Galilea, haciéndola Su centro de operaciones ministeriales. Así que se estableció en Capernaúm. Un día, dice en el verso 18: “Andando Jesús junto a Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano”. Aquí tenemos que comprender que el Amado Jesucristo comenzó el reclutamiento de Sus discípulos desde el inicio de Su ministerio público. No espero hasta estar cerca de Su cruz, sino desde el mismo principio de Su labor ministerial. Esto es ejemplar y nos enseña por qué es que morimos estériles en cuanto a la reproducción de nuestros liderazgos y ministerios. Más temprano que tarde deberíamos de encauzar a nuestros hijos en ejercicios ministeriales. Por supuesto, dejando los resultados a la voluntad divina.
En segundo lugar, es importante que aprendamos que Jesús reclutó discípulos sobre la marcha, mientras ejercía Su labor ministerial. Eso es lo que dice el verso 18 que ya hemos leído. La acción de reclutamiento nos enseña que Jesús ministraba con Sus ojos abiertos. Mirando al Padre Celestial por un lado, hombres por otro. Los verbos de Mateo 4:18 nos presentan una secuencia lógica, primero aparece el verbo ‘andando’, luego aparece el verbo ‘vio’, luego de verlos “echando una red al mar”, les dijo en el verso 19: “Vengan en pos de mí, y Yo los haré pescadores de hombres.” Mi énfasis es ver los verbos usados por el Señor: “andando” nos habla de Su ministerio itinerante, “vio” nos habla de Su intencionalidad de reproducir Su ministerio como un elemento esencial de la extensión del reino de Dios. “Vengan”, el llamado fundamental al que tienen que responder todos los verdaderos discípulos de Cristo, Él llama y el hombre responde. Este llamado se diferencia del llamamiento eficaz, que ya hemos considerado. Este es de carácter ministerial. Es venir en pos de Él para que Él haga con nosotros lo que en Su eterno propósito ha planeado desde antes de la fundamentación de la tierra. El verso finaliza: “y yo les haré pescadores de hombres”. Dios es Dios de plan y de propósitos y Sus planes y Sus propósitos se cumplirán en aquellos que conforme a Su eterno propósito son llamados. Como nos lo ilustran estos versículos anteriores, estos dos discípulos entendieron claramente el ejercicio ministerial en el que el Señor los quería involucrar: “y Yo os haré pescadores de hombres”. Eran pescadores que comprendieron fácilmente cuál sería su misión.
Al llamar a hombres a ser discípulos de Jesucristo, los estamos llamando a seguir a Dios. Los estamos formando para oír a Dios y vivir para Él. Por ello Mateo 4:20 RV1960 dice: “Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.” Esa diligencia fue la misma que estuvo en la vida de José, cada vez que el ángel le habló.
En los versos 2 y 3 volvemos a encontrar una segunda ronda de reclutamiento de discípulos. Podemos decir que la intención del Señor es que aprendamos a ver, que al llamar nuevos discípulos, se puede seguir la misma forma de patrones, a fin de que puedan ser fácilmente reproducibles en cualquier parte de la tierra, en cualquier tiempo.
Observemos que en ambos casos eran hermanos, eran pescadores, eran miembros de una familia a la que tuvieron que dejar para seguir a Jesús, y bienes de los que tuvieron que desprenderse para ir a servir al Amado Jesucristo. Las dos parejas de hermanos fueron diligentes para seguir a Jesús.
B- Mateo 4:23-25
Durante este tiempo de ministerio en la gran región norteña de Galilea, podemos ver al Amado Jesucristo realizando Su ministerio de enseñanza y proclamación del evangelio del reino en medio de las sinagogas. Cuando Jesús inauguró Su ministerio de predicación sobre el advenimiento del reino de los cielos (ver Mateo 4:17), y comparamos con el verso 22, donde se nos habla del “evangelio del reino”, nos ayuda a comprender que hablar del reino de los cielos y del evangelio del reino es hablar de lo mismo.
En el siglo I d.C., las sinagogas ya existían en Galilea, eran centros comunitarios donde se leía la Torá. Por ejemplo, en Magdala se han hallado pruebas arqueológicas de al menos dos sinagogas del siglo I. Otras sinagogas han sido encontradas tanto en zonas rurales como en urbanas. Por ello leemos que: “Jesús iba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas”.
En Mateo 4:23-25 encontramos un tercer elemento que caracterizó el ministerio de Jesucristo aparte de Su enseñanza y proclamación, nos referimos al hecho de que Él iba: “sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.” Cuando Pedro predicó en la casa de Cornelio, tiempo después, el dijo en Hechos 10:37-38: “Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan:cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.” Lo que aquí se proclama en Mateo 4 es lo mismo que proclama Lucas en Hechos 10, que Dios acreditó a Su Hijo para que, además de enseñar y predicar, sanara y libertara a cautivos del diablo. Pedro, testigo de primera mano, dijo: “Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea […..] cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.” Esta maravillosa y total cobertura divina que el Padre dio a Su Hijo y a los apóstoles de Jesucristo, incluyendo a Pablo, cesó cuando escribió la autógrafa, es decir, el canon de las Sagradas Escrituras. Aquellas señales de acreditación ya no eran necesarias porque desde entonces, ellos tendrían las Sagradas Escrituras, las cuales son suficientes para la salvación. A partir de entonces Dios llama testigos a predicar todo el consejo de la Palabra de Dios, incluyendo esas señales y esas maravillas, sin intentar promover más que el arrepentimiento y la fe en Jesucristo, y el aspirar a seguirle para venir a ser discípulos santos y fieles en esta generación incrédula, mala y adulterina. No olvidando jamás que Jesucristo es libre y soberano para sanar diversas enfermedades, dolencias, endemoniados, epilépticos y paralíticos. Por ello lo siguieron multitudes aquellos días. Y aquel que salvó ayer a los que se arrepintieron y creyeron en Él. Salvará también ahora a todo aquel que se arrepiente y viene a Él con fe creyendo en Su obra salvadora.
¡Amén!
Preguntas de Reflexión:
1- ¿Qué es lo más animante de esta reflexión?
2- ¿Qué es lo más desanimante para ti?
3- ¿Qué piensas del buscar hacer discípulos desde el principio de cualquier ministerio al que el Señor te llame a realizar?

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