En Mateo 2:1-23 se nos narra que Jesús nació en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, conocido como Herodes el Grande. Históricamente, Herodes murió en el año 4 a.C., así que, para que el texto de Mateo 1 tenga sentido cronológico, tenemos que oír la historia que registra que el año 1 de nuestro calendario, tuvo errores en algunos años. Se dice que Jesús nació entre los años 7 y 4 a.C. Herodes, quien era rey de los judíos por el senado romano en el año 40 a.C., gobernaba Israel cuando nació Jesús. Pero el verso 2 dice que los magos preguntaron: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?” Imaginen a un rey que había matado a su esposa Mariamne y a tres hijos por temor a que le arrebataran el reino, imaginen su reacción ante la impactante declaración de aquellos magos cuando dijeron: “Porque hemos visto Su estrella en el oriente y lo hemos venido a adorar”. Todos se turbaron. Así que juntó a los sacerdotes y escribas del pueblo, y comenzó a indagar: ¿dónde nacería el Cristo? En Juan 7:42 leemos una pregunta, que todo el mundo religioso sabía: “¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Cristo?” Todos sabían la respuesta, así que en el verso 5 oímos la respuesta que el perverso Herodes tuvo que oír: Y ellos le dijeron: “En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta:
“Y TÚ BELEN, TIERRA DE JUDÁ […]
PORQUE DE TI SALDRÁ
UN GOBERNANTE
QUE PASTOREARÁ A MI
PUEBLO ISRAEL”.
Sí, incluso aquellos magos que venían de lejanas tierras siguiendo la luz de una estrella, estaban en lo cierto. Un Gran Rey nacería en Belén como lo había profetizado Miqueas, hablando del nacimiento del Amado Jesucristo.
Herodes rápidamente trazó todos los planes humanamente posibles para matar a Aquel que sería un nuevo obstáculo para mantenerse en su reino. Por su parte, los magos continuaron su camino, siguiendo la estrella que los dirigía hasta que: “se detuvo sobre el lugar donde estaba el Niño” (Mt. 2:9). Mateo registra aquella maravillosa experiencia diciendo: “Cuando vieron la estrella, se regocijaron mucho con gran alegría. Entrando en la casa, vieron al Niño con su madre María, y postrados lo adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra” (Mateo 2:10-11). Mientras Herodes maquinaba en su perverso corazón, aquellos magos fueron reconfortados por lo que vieron y oyeron sobre el Amado Jesucristo. Los magos nunca más volvieron a ver a Herodes, pero aquel perverso monarca, al verse defraudado por los astrónomos, procedió a su plan B.
De Belén a Egipto
La diligencia de José se puso inmediatamente en evidencia porque un ángel del Señor se le apareció en sueños, advirtiéndole sobre el eminente peligro en que se encontraban, por el hecho de que Herodes buscaría matar al Niño. El ángel dijo a José: “Levántate, toma al Niño y a su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que Yo te diga”. José se despertó de aquel sueño y actuó conforme al mandamiento que se le había dado. Salió esa misma noche y se trasladó a Egipto (ver Mateo 2:13-15). Mateo cita Oseas 11:1 y lo aplica justo en el verso 15 donde leemos: “estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta diciendo: “DE EGIPTO LLAMÉ A MI HIJO””.
De Egipto a Nazaret
El corazón criminal de Herodes no reposó dos años, hasta que ordenó matar a todos los niños menores de dos años que vivían en Belén y más allá. De esa manera dio cumplimento a una profecía que encontramos en Jeremías 31:15. Por ello leemos en el versículo 19 que: “cuando murió Herodes, un ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto, diciéndole: “Levántate, toma al Niño y a Su madre y vete a la tierra de Israel, porque los que atentaban contra la vida del Niño han muerto”. Así que nuevamente la diligencia de José volvió a ser puesta de manifiesto cuando nuevamente leemos en el verso 21: “Y levantándose, José tomó al Niño y a su madre, y vino a la tierra de Israel.” José y su familia habían venido a Belén de Judea por la razón del censo. Pero por la maldad de Herodes, huyeron a Egipto. Al morir Herodes, José volvió a la tierra de Israel, pero no vino a Judea porque supo que quien reinaba era Arquelao, hijo de Herodes, quien era malo como su padre. Así que, advertido por Dios en sueños, prefirió evadir Judea y fue a la región de Galilea. Herodes Antipas, quien había sido nombrado Tetrarca de Galilea y Perea, fue el Herodes que mató a Juan el Bautista, quien además participó en el juicio que se hizo a Jesucristo en Jerusalén. José y su familia vivieron en Nazaret. La ciudad donde José y María se habían desposado. Así que regresaron a lo que Lucas 2:39 llama: “su ciudad de Nazaret”. Allí, creció y se fortaleció Jesús. Mateo 2:23 añade: “para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta: “Él será llamado Nazareno””.
Preguntas de Reflexión:
1- En esta narrativa histórica que hemos titulado: De Belén a Egipto y de Egipto a Nazaret, ¿cuál es la grandeza que usted encuentra en el carácter de José que le impacta más y cómo podría usted trabajar en esa área para su beneficio personal?
2- ¿Qué piensa de los Herodes de esta historia? ¿Qué ‘Herodes’ modernos señalaría usted en esta generación, al igual que el Salmo 2, quisieran volver a crucificar a Cristo si esto fuera posible?
3- ¿Qué me preguntaría usted a mí?
Belén

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